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jueves, 9 de agosto de 2012

Las fronteras humanas en La raya del olvido de Carlos Fuentes


Las fronteras humanas en
La raya del olvido
(de la novela La frontera de cristal de Carlos Fuentes)


Entre que comenzamos a reseñar este libro y la fecha de hoy, ocurrió la inesperada muerte del poeta. Evento que, aún cabiendo dentro de lo humano-posible, sorprendió a la amplia comunidad de creadores, lectores y demás actuantes, tanto en el mundo de la literatura como en el de sus amplios aledaños.
Con la reseña de hoy, vamos a cerrar esta secuencia dedicada a La frontera de cristal. Pero antes, y a modo de homenaje póstumo al maestro, creemos pertinente traer a colación un breve poema suyo, el cual, viene a tono con la pena que nos produce su irreparable pérdida:
La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala
al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir,
ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es.

-o-

Poniéndonos a continuación en la tarea propuesta, de los nueve relatos que constituyen el libro de Fuentes vamos a dedicar esta tercera y última entrega al relato intitulado La Raya del Olvido. En esta pieza, el señor "X", paralítico y mudo, desarrolla un complejo monólogo interior asociado con la memoria y el olvido, tanto de las cosas como de sí mismo. Un recorrido donde manifiesta una crisis de pertenencia, ¿dónde estoy, quién soy?; la raya, la izquierda y la derecha como alusiones políticas; el miedo a avanzar y caer en el vacío; la contraposición de memoria e imaginación como categorías asociadas con el pasado, presente y futuro. En su búsqueda, aparecen túneles, minerales preciosos y, finalmente, "barro", como una premonición sobre su propia identidad Barroso.  Ante la sensación de abandono, refiere la tierra como asidero; pero una tierra sin "raya", sin la división que le ha propulsado hacia el mundo donde ha perdido su identidad. En su abandono se pregunta si está vivo o muerto, comprobando que realmente, donde está, es en la raya y que, como consuelo, no conoce aún la muerte. Sumido en esta idea, le aparece una voz que algunas veces le habla en español otras en inglés, haciéndole asociar la raya a la frontera entre la vida y la muerte. En una especie de flashback, se recrea en el relato un episodio de juventud donde X participa de una batalla: hay uniformes, balas, disparos, muertos; agitaciones, alborotos, sentimientos de culpabilidad por complicaciones familiares, confrontación con la figura de Lázaro quien no es sino su hermano, dueño de la raya; cansancio, impotencia, fracaso, rendición. De pronto, recuerda el nombre de su mujer, Camelia, cosa que le acerca a sí mismo pero que, a la vez, le produce rechazo, por cuanto su imagen le trae otros nombres no deseados, entre los cuales el de Leonardo, su hermano, o los de sus hijos reclamándole por qué no fue como su hermano. Reproches y arrepentimientos: "la pobreza no se reparte, primero hay que crear riqueza... ...la igualdad es un sueño... ...siempre habrá idiotas, fuertes y débiles". Referencias a la responsabilidad por la propia condición, del valerse por sí mismo como regla de dignidad, a la vez del conflicto ético de lograr esa "dignidad" de manera no digna: contrabando, burdeles, corrupción, narcotráfico, maquilas, control de los pasos de frontera, etc. Termina X asumiendo que es de barro, hermano de Leonardo Barroso, abandonado en la raya, la raya del olvido, entre la vida y la muerte, abandonado por todos, inclusive por Camelia y por sus hijos, huérfano de sus propios hijos.

En cuanto al leit motiv de nuestra reseña, podemos decir que en este relato todo nos conduce, con mucha fuerza, al tema de las Fronteras Humanas –o mentales-, por cuanto se trata de un monólogo intenso donde se cuestionan temas morales, actitudes éticas; asuntos de poder y dominio que juegan en contraste entre los dos hermanos Barroso, cuyas vidas se han desarrollado en antípodas: uno pobre, paralítico, mudo, prisionero dentro de una “copa” translúcida y frágil pero intacta, debido a su desdichada incapacidad de gritar; y otro, rico, poderoso, exitoso y, como si fuese poco, “dueño” de la “raya” que atormenta a la mayoría de los mexicanos que intentan cruzarla.  Un episodio de este monólogo resulta muy dramático y significativo de la dificultad que para un mexicano denota distinguir la Frontera Física de la Frontera Humana; el mismo, aunque extenso, lo reproducimos casi enteramente a continuación por considerarlo cargado de metáforas valiosas para el tema que nos ocupa: “…Yo me abrazaría a la tierra. ¿Es éste mi destino? La raya fluorescente se ríe de mí … La tierra no tiene divisiones. La raya dice que sí. La raya dice que la tierra se ha dividido. La raya hace de la tierra otra cosa. ¿Qué cosa? Estoy tan solo. Tengo tanto frío. Me siento tan abandonado. Sí, quisiera caer a la tierra. Descender hasta ella. Caer en su profundidad…Entonces vuelvo a mirar la raya de la tierra y retomo mi pobre consolación. No puedo reunirme con la tierra porque esa raya me lo impide. La raya me dice que la tierra está dividida. La raya es otra cosa distinta de la tierra ... Fui sacado de la tierra y puesto en el mundo. El mundo me convocó. El mundo me quiso. Pero ahora me rechaza. Me abandona. Me olvida. Me arroja de vuelta a la tierra. Pero la tierra tampoco me quiere …Yo soy un hombre. ¿No valgo más que una raya? ¿Por qué se ríe de mí la raya? ¿Por qué me saca la lengua? Creo que desperté de una pesadilla y volveré a…” 
Es evidente que esta pesadilla refuerza la idea de que las Fronteras mental y física son inseparables, determinantes en el imaginario de los habitantes de la franja y, por ende, en su existencia real y concreta ligada a su actuar cotidiano; motor y freno a la vez.
Para enfatizar esta evidencia, citamos una vez más el texto donde, un poco más adelante, el protagonista sigue diciendo: “…Me abandonaron en la raya. La raya del olvido. El lugar donde no sé mi nombre. El lugar donde no estoy. La zona intermedia, indecisa, entre mi vida y mi muerte…”  
Poco resta añadir a esta declaración donde la frontera se erige claramente en pilar, viga o sostén de una entera existencia.  De ella depende ser o no ser.  Existir o morir.

martes, 17 de abril de 2012

Las fronteras humanas en La pena


Las fronteras humanas en
La pena
(de La frontera de cristal de Carlos Fuentes)



De acuerdo a nuestro plan de reseña de la novela La frontera de cristal de Carlos Fuentes, a partir de esta entrega nos adentraremos en aquellos relatos, de los nueve que conforman la novela, donde más resalte esta noción de Frontera Humana que nos hemos propuesto destacar con este trabajo. Daremos inicio hoy con la pieza intitulada La pena.  
Como ya dijimos, se trata de comprender y ponderar el peso relativo de la llamada frontera humana sobre la percepción de transparencia que los pasos fronterizos ofrecen al emigrante que penetra o, a lo sumo, intenta traspasarlos.
Para ponernos en contexto, en La pena, su protagonista, el médico Juan Zamora hace postgrado en USA becado por su padrino el magnate Don Leonardo Barroso. Zamora vive en Itaha, cerca de una fábrica de armas destinadas al uso del ejército salvadoreño. Acaba de ganar R. Reagan la presidencia de los Estados Unidos, mientras, en México, López Portillo afianza la explotación petrolera. Juan se aloja en la casa de T. Wingate, negociante de armas que contrata con el Pentágono. En la convivencia, Juan refiere una noción de su origen mejicano edulcorada y alejada de su realidad precaria, en la cual, por pena, por vergüenza, oculta su condición social, llegando a ser percibido por los Wingate como un heredero de la aristocracia española. Durante sus prácticas médicas Juan se enamora de su colega Jim descubriendo su inclinación homosexual, lo cual, se traduce en conflictos existenciales y de convivencia con sus arrendadores. Juan, en un acto de honesta comunicación, llega a revelar a Jim su verdadera extracción social, al cabo de lo cual se producen, tanto el rompimiento de la relación entre ambos, como la deserción de Juan de sus estudios y su consecuente regreso a México. Años después, los Wingate viajan de vacaciones a México y Becky, la hija de la familia, se empeña en ir a encontrar a Juan, lo cual, y sin siquiera llegarlo a ver, les hace descubrir el verdadero estatus de Juan.  Por ese entonces, Juan trabaja en un hospital del seguro social y vive sumergido en un sueño recurrente donde regresa a Cornell y camina de la mano de su amante llegando juntos a suicidarse, en el mismo puente donde, por lo demás, tanta gente suele terminar sus días.
Dentro de la novela, La Pena es quizá el relato más elocuente en cuanto al peso de la frontera humana dentro del proceso migratorio de los mexicanos hacia el norte. En las peripecias del protagonista, no entra en juego el cruce de la frontera material propiamente dicha, sino que prevalencen las vivencias de quien ya vive formal y legalmente en el territorio estadounidense cumpliendo una misión personal importante. Zamora no ha tenido, como otros mexicanos, que vencer grandes barreras físicas, territoriales o legales para “colarse” al otro lado de la línea, por lo que es entonces muy significativo poder detectar en él cuáles son los síntomas y signos de exclusión que, erigidos en frontera humana, le hacen realmente infeliz.
En primer lugar, Zamora se considera un “pobre”. Es claro que su posición económica no es holgada, –de lo contrario no necesitaría de la beca de Barroso-, pero, objetivamente, tampoco puede decírsele realmente “pobre” (logra cubrir sus gastos suficientemente). Ahora bien, en su mente, él se considera realmente tan escaso de recursos económicos que, inclusive, hasta se avergüenza de ello; al punto, de sostener un engaño hacia la familia que lo alberga sobre sus presuntas “posesiones en México”  el cual, termina siendo develado al final del relato. Este sentimiento que lleva a Zamora a fabricar una mentira, lo hace realmente infeliz y termina reforzándole una propia barrera excluyente que juega muy en contra de una posible mutación que le permita asimilarse, recluyéndolo y aprisionándolo dentro de sí mismo, al evitarle mostrar su propia realidad. 
El siguiente factor discriminante para Zamora es su condición de nacional mexicano: Es cierto que la condición de latino-mexicano –chicano-, en USA, es causal explícita de rechazo; no obstante, en el medio universitario, esta condición no llega a tener tanto peso como en otros ambientes. Aún así, para Juan, su mexicanidad constituye un fuerte motivo de exclusión. Ni siquiera porque llega a cristalizar una relación amorosa con un compañero de estudios estadounidense –Jim-, deja de sentirse Zamora un excluido.
A partir de esto último, enlazamos con el tercer factor de separación o desagregación: la  homosexualidad de Zamora. La misma, que en un sentido amplio la pudiéramos enmarcar dentro de lo que se pudiera llamar una discriminación de género, sumada a las dos anteriores confluye en un cuadro que presenta al protagonista en un estado de depresión severo, donde su sentimiento de exclusión le lleva a tener sueños suicidas que delatan un conflicto no resuelto, aún después de haber regresado a su tierra de origen.
Además de esos tres factores resaltantes que están a la raíz de los sentimientos de exclusión de Juan, habría que mencionar, adicionalmente, cosas como la barrera idiomática, su background educacional formal, sus hábitos y costumbres alimenticias, sus rasgos étnicos y gestuales. Pero de ello Fuentes no nos da pista específica.
Finalmente, y para cerrar esta revisión de las fronteras humanas o de los miedos que se detectan en el relato “La Pena”, nos parece pertinente citar a Todorov:  “…La dignidad de los hombres no procede, sin embargo, sólo de este amor y esta compasión que otro puede concederles… …procede también del interior de ellos mismos. Y es que los hombres, aunque hechos estén de la misma madera, no están por ello hechos de una sola pieza. El miedo, la tontería, la mezquindad, el orgullo son cosa nuestra; pero no solo eso.  En cada uno de nosotros yace otra aspiración…”  Y refiriéndose al modo de describir esta aspiración, Todorov cita a Gary, quien emplea metáforas que unen lo alto y lo bajo, como las raíces del cielopara, más adelante decir: “…para los indios de México, es “el árbol de la vida”, que les impulsa a unos y otros a caer de rodillas y levantar los ojos golpeándose el pecho en su tormento (…). Intentan arreglarse entre sí, responder ellos mismos a su necesidad de justicia, de libertad, de amor…”.  En Juan Zamora, este “arreglarse entre sí” llega al extremo de “arreglarse a sí mismo” e ignorar y hasta menospreciar al otro y a lo otro al otro lado de su propia frontera interior. Tal vez, este fenómeno quede mejor recogido en otra obra de Fuentes también constituida por una colección de relatos: “Todas las familias felices”. En este libro hay una historia intitulada “Madre Dolorosa” donde, referido a los sentimientos surgidos en un inmigrante que regresa a su pueblo después de un tiempo, podemos leer: “…Le juro que no es purita sospecha. Un día volví por purita emoción, señora, eso que ustedes llaman “nostalgia” y primero nadie me reconoció pero cuando se corrió la voz, “Es José Nicasio que ya regresó”, me miraron con tanto rencor unos, con avaricia otros, distancia los más señora, que decidí ya nunca volver al lugar de donde salí. Pero, ¿puede uno cortarse para siempre las raíces?...”  Este pasaje evidencia la fuerza extraordinaria de la frontera humana que funge como mampara de doble vía, tanto para irse como para regresarse.

·       Fuentes, Carlos. (2006). Todas las familias felices. México. Alfaguara-Santillana.
·       Todorov Tzvetan. (2002).   Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX. Barcelona, España. Ediciones Península.

martes, 7 de junio de 2011

Perú en Humala


Perú en Humala
En virtud de que en las últimas semanas publiqué dos entradas relacionadas con Perú, una, haciendo alusión a la Memoria y al Olvido, a partir de mi lectura de Abril Rojo, de Santiago Roncagliolo; otra, trayendo a colación el poema de Mario Benedetti,  Ese gran simulacro,  me parece oportuno ahora, cerrado el proceso eleccionario, traer estas líneas del chileno Patricio Navia. Creo que en pocas palabras nos da una visión de las cosas que, a la vista de hoy, luce razonable.
Quienes intentamos dejar algo escrito sobre esta delgada y vulnerable película electrónica que nos ofrece la Web, debemos estar conscientes de que en política nada está escrito sobre piedra. 

Humala triunfó en Perú gracias al apoyo de moderados 
Por Patricio Navia
6 de junio de 2011
    

La victoria del candidato nacionalista Ollanta Humala comprensiblemente preocupa a muchos chilenos. Pero después de que suavizara su discurso en campaña, Chile debiera esperar con moderada tranquilidad que Humala, a diferencia de sus predecesores, construya una relación de menos a más con nuestro país.
La Presidenta Bachelet solía decir que se hace campaña en poesía, pero se gobierna en prosa. Humala, que llegó al poder criticando los altos niveles de exclusión del modelo de economía de mercado, deberá demostrar que es capaz de distribuir mejor la riqueza, sin matar la gallina de los huevos de oro.
Los candidatos populistas inevitablemente devienen en presidentes populistas cuando la economía está en crisis. Pero cuando la economía anda bien, los líderes ceden ante la tentación de mantener el modelo, centrando sus esfuerzos en reducir la pobreza y mejorar la distribución. Así lo hizo Lula en 2002 y la propia Concertación chilena en 1990, cuando supo mantener lo bueno.
Antes, como candidato populista, Humala fue derrotado. Ahora, llegó al poder gracias al apoyo de moderados, incluidos algunos amigos históricos de Chile, comprometidos con la democracia y el modelo social de mercado, como el nobel Mario Vargas-Llosa. En la campaña de segunda vuelta, Humala pragmáticamente abandonó su populista programa para conseguir esos apoyos. La cercanía al poder es el mejor antídoto contra el extremismo. Humala necesita mantener las altas tasas de crecimiento para poder cumplir sus promesas de más inclusión, más democracia, más Estado y menos corrupción.
Como estratégico militar, Humala focalizará sus prioridades en ampliar las oportunidades de desarrollo. Su discurso nacionalista devendrá en iniciativas de infraestructura. Para Humala, el desarrollo es cemento y el crecimiento se mide en carreteras. Sus promesas populistas lo llevarán a negociar con empresas extranjeras para proveer gas más barato a los peruanos, cuestión que inducirá a mayor desarrollo de la economía doméstica.
Sus diatribas nacionalistas evolucionarán en una defensa de la libre competencia y en iniciativas para mejorar los derechos de los consumidores. Sus críticas a la corrupción lo obligarán a fortalecer las instituciones.
Humala no necesita demostrar su nacionalismo. Ahora precisa calmar los temores en Perú y en el exterior. Al dar señales cordiales hacia Chile, Humala matará varios pájaros de un tiro. Si sus predecesores decepcionaron en su relación con Chile, hay buenas razones para esperar que su triunfo traiga gratas sorpresas en la relación con nuestro país y en la consolidación de una democracia construida sobre un modelo social de mercado cada vez menos excluyente en el Perú.
Patricio Navia es miembro del Consejo Académico de CADAL.

jueves, 2 de junio de 2011

ESE GRAN SIMULACRO

Semanas atrás, escribí unas notas sobre Abril Rojo de Santiago Roncagliolo. 
Destacaba en las mismas la manera como vivimos el fenómeno de la memoria y el olvido, nosotros los latinoamericanos.
Hoy he desempolvado la siguiente pieza de Mario Benedetti, que viene al caso y cobra vigencia, vistas las transiciones que en estos días se viven en el Perú. 
Vaya el poema:

ESE GRAN SIMULACRO
Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros
en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir / arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro
el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda
en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede / aunque quiera / olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinan por el olvido
como si fuese el camino de santiago
el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite /
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido