domingo, 7 de agosto de 2011

EL SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD

De los rasgos necesarios y deseables en la 
Venezuela que aspiramos


En los últimos tiempos, estoy teniendo la fortuna de contar con suficiente espacio y disposición para revisar algunos viejos libros de mi biblioteca que, en razón a prioridades establecidas muchas veces sin tanta razón o justificación, hacía tiempo no desempolvaba. Y resulta que compruebo, cada vez con más fuerza y con no poco asombro, cómo muchas de las cosas que hoy representan fuertes carencias, ya lo han sido en un pasado si se quiere no tan remoto.

Uno de los aspectos de la gerencia que siempre me he esmerado en resaltar y cuidar en cualquiera de las gestiones que me ha tocado realizar en mi vida profesional, es la necesidad de dar, a quien corresponda, el reporte cierto, sano y periódico de la responsabilidad que asumimos.  En términos simples y técnicos, siempre  resumí esta necesidad a mis colaboradores con una palabra que los no siempre simpáticos gringos emplean a ultranza en sus empresas –e inclusive en sus sencillos actos de vida cotidiana– que es el accountability. Esta palabra, –sin querer darle importancia sintomática al asunto-, si la buscamos en un diccionario traductor encotraremos que no tiene equivalente directo y exacto en nuestra lengua; no obstante, la conocemos y la aplicamos por la vía de una frase compuesta de las tres simples palabras castizas siguientes: rendición de cuentas; que no es igual pero se ajusta perfectamente a la idea. 

El hecho es que esta noche he vuelto sobre la obra del trujillano Mario Briceño Iragorri, y encontrado la referencia de una conversación suya con el ya para ese entonces ex-presidente López Contreras quien en 1937 hablaba de una "crisis de hombres" en Venezuela.   A lo cual, don Mario argüía a su amigo que, realmente, si podía hablarse de una crisis no era precisamente de gentes ni de capacidades en sí, sino que era ...de sentido de responsabilidad en los funcionarios públicos, muchos de ellos avocados, por falta de examen de sus propios recursos, al ejercicio de funciones en las cuales no les era posible dar rendimiento alguno...   y prosigue don Mario, y ya en el ensayo de donde extraigo esta historia, escrito en 1950 (*),  con unas palabras que parecieran escritas hoy mismo, 2011: ...Esta crisis sigue vigente, sin que haya visos de que pueda remediarse...

Son cosas de la historia. Sin embargo,  intentando someterla a cierta verificación empírica –aunque no científicamente sistemática-  me consigo que en muchísimos de los jóvenes talentos venezolanos con los que me ha tocado interactuar en mi reciente retorno a la vida universitaria, consigo que hay una energía especial y un talento dispuesto a actuar y a rendir cuenta de lo hecho.  Confieso que es algo que me energiza y me abre una ventana de esperanza en medio de esta situación llagada de malas noticias, desencuentros, fugas, muertes y demás síntomas necrofílicos.  Creo que hay un latir en positivo entre los más jóvenes; entre aquellos que están listos al bate.
A nosotros, los mayorcitos, nos tocará ayudarlos a que no cometan los errores rancios de los que está plagada nuestra historia, la reciente y la no tanto.

(*) Briceño Iragorri, Mario. (1972). Mensaje sin destino. Ensayo sobre nuestra crisis de pueblo. Caracas. Monte Avila Editores.

sábado, 6 de agosto de 2011

LOS TOPES DE LO FACTIBLE


Piso y techo de la Democracia en Venezuela


C
onversaba anoche con un querido amigo acerca de un trabajo académico que pretendo realizar relacionado con el perfil ideal que deberíamos aspirar en un presidente venezolano.  Entre algunas otras cosas menos elocuentes, mi amigo, quien es un profesional de primera línea y gerente avezado, me hizo referencia a una anécdota de los primeros años del gobierno de Rómulo Betancourt, según la cual éste, en una cuenta con uno de sus ministros, quien le solicitaba apoyo para conseguir el financiamiento necesario para llevar adelante una de las grandes obras de infraestructura que se acometieron en aquel entonces,  le respondió muy airado a su colaborador, y, en medio de lo que parece fue un decidido regaño, le dijo al ministro, palabras más palabras menos, que se ocupara él mismo de buscar esos reales, que fuera a los bancos internacionales, a Washington o a donde quisiera, que hiciera su trabajo y que seguramente contaría con su apoyo, pero que no lo viniera a distraer en su delicada misión, la cual, no consistía en otra cosa que gerenciar el piso y el techo de la Democracia que apenas nacía. 
El ministro, sorprendido y apenado por haber importunado de tal manera a su jefe, musitó tímidamente una pregunta antes de retirarse, con el rabo entre las piernas producto del regaño, por un lado, aunque reforzado por  el otro, gracias al voto de confianza implícito en la amplia delegación que recibía de Betancourt.  Y dijo entonces, previo colocarse ante su boca la conveniente sordina:  Presidente, si no es mucho preguntar, ¿a qué se refiere usted con el piso y el techo de la democracia?
Betancourt, sosegado después de haber desahogado su incomodidad momentánea con el impetuoso llamando a botón que minutos antes le había hecho a su colaborador,  le explicó, con calma y proverbial pedagogía, que la democracia en Venezuela descansaba, descansaría, y sería sólo posible entre dos topes: El piso que le pudiera ofrecer un atinado y profesional manejo del negocio petrolero, y el techo que estuvieran dispuestos a concederle los militares.  Remató subrayándole que él, Betancourt, no tenía en mente realizar mucho más que esas dos grandes tareas, que eso sería suficiente legado. Todo lo demás, habría de delegarlo en la mejor gerencia disponible en aquel momento en el país: Los nombres de estos hombres están debidamente documentados; Betancourt ahora descansa, ojala que en paz.   A la vista de hoy,  ¿A quién podrá confiársele en un futuro cercano esta delicada tarea de gerenciar con éxito esos dos álgidos topes?

Nota: mi amigo no es ni nunca fue adeco.

domingo, 31 de julio de 2011

Lo complejo no tiene porque ser complicado

La periodista Madeleine Atique M., del periódico "El Municipal, 100% El Hatillo",  ha recogido en esta entrevista a Conrado Pittari Volcán la frase con la que intitulo esta entrada:

 LO COMPLEJO NO TIENE PORQUE SER COMPLICADO, 

la cual, considero encierra una energía potencial inmensa. Especialmente para alentarnos, cuando a diario nos vemos enfrentados con situaciones que no sólo no son simples, sino que resultando del enmarañamiento de múltiples elementos y factores, materiales y humanos, llegan a veces a atemorizarnos, paralizarnos o hacernos desistir en el intento.

Es por ello que veo en la misma una invitación a la acción, al no-miedo.
Es así que me gusta y la comparto.




sábado, 30 de julio de 2011

PUNTADAS SIN DEDAL: Con el corazón puesto en Venezuela

PUNTADAS SIN DEDAL: Con el corazón puesto en Venezuela: "Con el corazón puesto en Venezuela"

Con el corazón puesto en Venezuela


...Venezuela, más que de acusaciones personales, está urgida de un mea culpa colectivo. Hasta cuando no adoptemos una actitud humilde y serena frente a los problemas de la Nación, no alcanzaremos la claridad requerida para entender nuestra propia función social. Se necesita abrir un proceso de sinceridad y austeridad capaz de llevarnos a la salvación de nuestro destino histórico. Volviendo sin cesar sobre los grandes y sobre los pequeños problemas de la sociedad y enfrentándonos a ellos con sencillez, con reflexión, sin impaciencia, lograremos hacer de la propia evocación de nuestra historia una manera de espejo donde podamos ver con claridad, no ya los acontecimientos pasados, sino nuestro desfigurado rostro presente...

No, no son de mi autoría las anteriores líneas. 
Confiado en que la mayoría de nosotros siempre pueda hablar como indica el título de esta entrada, que tampoco es mío, he querido traer a colación un fragmento escrito por Mario Briceño Iragorri, en febrero de 1953, estando en Costa Rica.
Y lo hago impresionado por dos cosas: 

1) Tuve hace unas horas un punto de honor a través del twitter con una personalidad venezolana de mucho curriculum y grandes pretensiones quien se expresaba con un discurso lleno de desprecio y desprendimiento respecto al país, tanto que, pensando se tratase de una ofuscación momentanea, me atreví a llamarle gentilmente la atención. El señor insistió y más se alteró. Y en todas sus posturas, hablaba de los venezolanos como si él fuese no sólo de otro continente, sino marciano o de otro planeta más lejano. Siempre he dudado de la gente que, cuando se va a referir a nuestros problemas dice "...en este país..." pudiendo, en cambio, decir en nuestro país. ¿Es que Venezuela es nuestra sólo cuando funciona? ¿Dónde estábamos cuando comenzó el declive? ¿Sabemos realmente cuándo comenzó?  Son preguntas que me parecen inevitables y urgentes. 
Yo he desconfiado siempre de quienes dicen "en este país" como si se tratara de pasajeros de un buque del cual se van a apear en el próximo puerto. Yo vivo aquí y he trabajado siempre para construir y hacer progresar esta patria, y me resulta inaceptable que alguien que se dice académico, diplomático y demás yerbas finas, hable de Venezuela comos si, de repente, estuviera dándose un paseo por esta "sucia" plaza.
No es la manera. 
Creo, con Don Mario Briceño, que los mea culpa deben ser colectivos, que es hora de entender que la responsabilidad es de todos y es nuestra. Nunca será de un extraño maluco que nos quiere hendir su garra imperial. Las garras con que esta tierra ha sido infligida no han venido de contrabando ni por la fuerza, la mayoría de las veces han ingresado por la alfombra roja de Maiquetía.  Así que basta de echar culpas, y mucho menos al otro. A ese otro extraño, inasible, imposible. 
Asumámonos. Aceptémonos como somos, buenos y menos buenos. Y echemos palante de una vez por todas.

2) La segunda cosa que confieso me impresiona y por la que he querido compartir este escrito de Don Mario, es que pareciera que el tiempo no nos pasa, no nos hace mella: 1953 - 2011...  ¡¡Son casi sesenta años!! y las líneas de Briceño Iragorri cabría publicarlas en cualquier periódico de los que van a circular hoy sábado. ¿Qué nos ha pasado?  ¿Qué nos pasó? ¿Tendremos alguna responsabilidad en esta falta de progreso o de evolución? 
¿O será que alguien levantará la mano para señalar al culpable?


Es todo, por hoy.

sábado, 23 de julio de 2011

In-dependencia Vs. Inter-dependencia


In-Dependencia Vs. Inter-Dependencia


En fila con el espíritu de mi anterior artículo, en el cual, por celebrarse el 5 de julio[1]me pareció oportuno reflexionar sobre esta dicotomía siempre imprecisa o imperfecta que resulta de oponer semánticamente DEPENDENCIA con INDEPENDENCIA, hoy quisiera detenerme un sobre un tercer derivado: la INTERDEPENDENCIA.
Hace doscientos años, en toda Latinoamérica ocurrieron movimientos cívico-militares –o militares-cívicos, o cívicos o militares- relacionados con la separación del dominio político de nuestros predios, de nuestras tierras, de lo que fue llamado el dominio español –el Imperio español-. A ciencia cierta, no se sabe con exactitud de qué se trataba toda esa matanza humana a la que nos acostumbramos y que prolongamos más de lo esperado o de lo debido, ni las intenciones precisas de quienes lideraban aquellos movimientos que la historia formal –la que nos enseñaron desde la escuela primaria- nos hizo pensar en una oposición encarnizada y  entre unos señores llamados Patriotas y otros llamados Realistas. Algunos dicen que lo que ocurría, realmente, era consecuencia de acontecimientos de mayor trascendencia que tenían lugar en la patria madre –y en toda Europa- y que implicaban la caída del rey Fernando séptimo, por quien, inclusive nuestros patriotas abogaron en algún momento.
Pero no es eso exactamente lo que quisiera traer a colación hoy, sino el tema o la palabra DEPENDENCIA.
Intuitivamente, toda dependencia es mala. Por lo tanto, pareciera que toda independencia es buena.  Ojala fuera así de simple.
Es realmente inquietante sentarse a pensar en detalle sobre las consecuencias prácticas de estas ideas muchas veces simplísticamente confrontadas.
Latinoamérica, realmente, pasó de ser territorio de ultramar de una potencia militar y marítima de la cual éramos parte y, por ende, independientes, a ser un territorio supuestamente independiente pero desprovisto a tal punto de autosuficiencia que necesitaba, imperiosamente, surtirse permanentemente de la metrópoli de la que supuestamente se había independizado. O de otras metrópolis equivalentes –por ejemplo, Inglaterra-.
Latinoamérica nunca, léase, nunca, tuvo ni ha tenido lo que puede llamarse una real independencia, si es que por ello entendemos autodeterminación, autosuficiencia, autonomía, y otros autos. Y realmente, lo cierto, es que nunca la tendrá.
Y nunca la tendrá sencillamente porque a lo largo de la historia, al recorrer el tiempo de las generaciones, aunque la humanidad lo haya negado –o lo niegue-, ha sido y será cada vez más interdependiente. O sea, no sólo que no podrá pensarse en la no dependencia de un centro o de una metrópolis, sino que serán múltiples las reales dependencias y serán, cada vez más, biunívocas y multilaterales las mismas: O sea, el Sistema Mundo es y será cada vez más pequeño y rápido de recorrer o transitar, el Sistema Mundo, será cada vez más abarcable por un pequeño pañuelo. Si Verne recorría como una hazaña el mundo en 80 días, hoy, una vez que publique este escrito, podrá estar el mismo en las manos o ante los ojos de cualquiera que me siga en menos de 80 milisegundos. Pero claro, la computadora que uso, es hecha creo que en Taiwan, los generadores que producen la electricidad que consumo son, si no me equivoco, alemanes, los radiotransmisores de la empresa telefónica que me sirve son, seguramente, japoneses. La carne que almorcé hoy venía de Argentina, la lengua en la que escribo es, letra más letra menos, la que usaba Cervantes, etc., ¿de qué Dependencia estamos hablando? ¿Qué independencia aspiramos?
La única verdad es que hoy estamos cruzados todos con todos, africanos con europeos con asiáticos con americanos y, hasta con los naturales del continente ese de los marsupiales. Todos con todos y, a veces, todos contra todos.
Y esos cruces, que por mucho son buenos y provechosos, –la posibilidad de colaborar, crecer juntos, solidarizarnos, entendernos, ayudarnos es hoy mayor que nunca-, también hace que, por mucho también, puedan resultar malos: Y es que esta interdependencia de infinitas cadenas permite que las potestades que antes se reservaban los poderosos de todo poder, hoy pueden estar a la mano del elemento más débil de la cadena.  Y esto lo hemos evidenciado en los últimos años con el crecimiento de las amenazas y los atentados que sufre la humanidad entera por el “mal comportamiento” de unos pocos: el terrorismo político, el terrorismo financiero, el terrorismo alimentario, etc.
El nivel de incertidumbre e indeterminación que vive la humanidad es creciente. La dificultad del autocontrol entendido de manera privada o individual, es creciente. La interdependencia nos garantiza un mayor acceso y disponibilidad de recursos universales, pero también nos hace más vulnerables a los caprichos o imprudencias de los menos competentes o de los menos identificados con la idea de una ciudadanía global, la cual, sigue siendo bastante utópica aunque inexorablemente necesaria.


[1] Día de la firma del acta de Independencia de Venezuela