miércoles, 30 de mayo de 2018

Destellos de democracia legibles desde la literatura de la Latinoamérica autoritaria


Tengo el gusto de informar a los lectores de este blog, que está disponible en las tiendas Amazon, en sus versiones digital y tapa blanda, el libro: 


A fin de dar una idea de los contenidos, les transcribo a continuación los resúmenes de la obra en español e inglés.

RESUMEN

El libro resulta de un recorrido premeditado tras las pistas del poder en tres de las quizá más políticas novelas de Mario Vargas Llosa: Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo y La Fiesta del Chivo. 
Se trata de una investigación documental donde, a partir de la mirada hermenéutica y de un enfoque interdisciplinario, el arte literario dialoga con la ciencia política para dejar aflorar y marcar líneas de acción que lucen provechosas para levantar andamios políticos y edificaciones sociales que favorezcan la consolidación de la democracia como sistema de vida y de gobierno destacados y deseables para América Latina. 
A pesar de que las obras leídas abundan en autoritarismos, militarismos, mesianismos y violencia que poco aliento dejan para vislumbrar indicios positivos precursores de una vida en democracia, algunas señales afloran. Es de ellas que tomo impulso.
Los resultados evidencian tres vectores que indican dirección y sentido por donde avanzar a fin de consolidar nuestras democracias, curar las hoy día debilitadas y, finalmente, blindarlas todas contra el fantasma autoritario que aún nos ronda manteniendo en Latinoamérica puntos notables desde donde irradia. El primer vector, atañe al Movimiento Estudiantil y a la Universidad como espacios de oportunidad para construir Ciudadanía y afianzar valores y principios democráticos. El segundo, subraya la importancia del Liderazgo y de las prácticas propias de la Gerencia Profesional en el manejo del interés común. Por último, el tercer vector  le otorga peso a la institucionalidad misma del ingenio democrático, cobrando valor la rendición de cuentas como práctica usual y establecida, y el aseguramiento de que no queden impunes las faltas de quienes administran los asuntos públicos, pudiéndose hasta premiarlos de llegar a superar las expectativas de sus electores.
Confío en la pertinencia de los hallazgos, y puedo asegurar que reflejan la esencia latinoamericana, ya que más allá de la universalidad de los referentes teóricos de que me valgo, emergen de hechos y actuaciones extraídas del mundo de la vida de personajes genuinos, cuya cotidianidad es la latinoamericana que asoma desde tres historias ambientadas en tres de nuestros escenarios sociales y geográficos más significativos.




   

The line of inquiry in this study is to deliberately follow the trails of power in three of Mario Vargas Llosa´s arguably most political novels: The War of the End of the World, The Feast of the Goat and Conversation in the Cathedral.
In this text analysis from a hermeneutical perspective and an interdisciplinary approach, literary arts dialogues with political science in order to discover and point out lines of action that might be helpful in the construction of political structures and social edification designed to forward the consolidation of democracy as the desirable living and ruling order in Latin America.
Even though authoritarianism, militarism, messiahs and violence are so common in those novels that there is little room to catch glimpses of forerunners of life in democracy, there are a few signals of hope. It is such signals that drive me.
Three vectors come up in my analysis that offer guidance and meaning of how to progress towards the consolidation of our democracies, overcome its current weaknesses and ultimately shield them all against the authoritarian specter that still radiates from significant spots in Latin America. The first refers to the student movement and the universities as windows of opportunity to build citizenship and strengthen democratic values and principles. The second underscores the importance of leadership and professional management techniques for handling the common interest. The third vector highlights the weight of democratic institutions, accountability as an established practice, sanctions on the misconduct of those who administer public affairs and rewards for those who surpass the voters´ expectations.
I trust in the relevance of the findings and am sure they reflect Latin America´s essence. Because beyond the universal theoretical framework I have used, those findings emerge from facts and actions drawn from the lifeworlds of genuine characters whose routines are Latin American embodied in three stories set in three of our most relevant social and geographical contexts.

Es sabido que por este mismo medio está abierta a los lectores la posibilidad de hacer cualquier comentario, pregunta, apreciación o crítica a la obra. La misma posibilidad está disponible en los distintos links de www.amazon.com referidos al libro.

Gracias por la atención.

(En un siguiente post publicaré el índice de contenidos de la obra).

lunes, 5 de febrero de 2018

Venezuela: Un ojo en el capital político acumulado ante la comunidad internacional.




Ha sido ya dicho, pero vale la pena reforzar la importancia de conservar y multiplicar el capital político acumulado a la fecha a partir de todos los apoyos cosechados por Venezuela ante la comunidad internacional, valiosísimos para afrontar el hueco histórico y la crisis humanitaria en que ahora nos sumimos.

Tan importante es este asunto, que dentro de las fuerzas democráticas organizadas valdría la pena contar con una cabeza dedicada a coordinar cuanto al respecto corresponda; una suerte de ‘Canciller’ de la Venezuela en tránsito. 

¿Existe y no lo sabemos? ¿Quién es?

Hoy, los ciudadanos estamos confundidos a la hora de distinguir lo que por un lado hace la delegación que se viene reuniendo en Dominicana, de las iniciativas que, por ejemplo, el dirigente Antonio Ledezma adelanta en los distintos países que visita.  
Igualmente, si buscamos cómo se vincula la diplomacia del Vaticano con la reciente iniciativa del Secretario estadounidense Tillerson en su periplo latinoamericano, no es fácil conseguir una respuesta. ¿Y las visibles iniciativas del Grupo de Lima? ¿Cómo se vinculan al conjunto? 
¿Y Almagro? Este último, que es alguien que ha puesto muchísima energía por la institucionalidad en el país, ha afirmado en estos días que no debemos ir a elecciones, algo por cierto muy determinado y determinante.

¿Y las actuaciones del Dr. Arria? ¿Y las de Rodríguez Zapatero? 
Todo ello, por no hablar de los generadores internacionales de opinión pública dedicados de manera intensa a escribir y a hablar de nosotros, como es el caso del profesor Fernando Mires.

¿Y los chinos, y los rusos, y toda la maraña de intereses globalizados a los que nos obligan, principalmente, nuestra vocación petrolera y el inmenso endeudamiento actual?

¿Cómo se relaciona todo esto? ¿Quién está dándole coherencia, orden y prioridad a cada cosa? ¿O no es posible coordinación alguna y estamos a la deriva de quien empuje más o de quien llegue antes?

Creo que es un tópico de gerencia básica de recursos, esfuerzos y comunicación que, reconociendo la complejidad y la dificultad propia de la materia, es delicado y determinante dominar en este salvaje presente-futuro que cabalgamos.



viernes, 26 de enero de 2018

Venezuela: Respuestas ante el asombro —Salvemos la ‘democracia en frasco chiquito’–


Respuestas ante el asombro
—Salvemos la ‘democracia en frasco chiquito’–


…el hombre no existe antes que la sociedad
 y lo humano está fundado en lo interhumano…
Tzvetan Todorov (1939- 2016)




L
a paradoja que como demócratas vivimos en Venezuela en estos últimos días, nos atrapa en una disyuntiva. Por varios motivos nos debatimos entre si conviene o no participar en las elecciones recién convocadas. Sabemos de lo espurio del convocante, acumulamos demasiados perjuicios por el velo de ilegalidad que opaca desde hace rato todo nuestro acontecer público. Ello provoca que, aunque sea por instantes, veamos confrontadas nuestras convicciones y espíritu democráticos con la evidente adversidad de las condiciones impuestas por el poder institucionalizado, por más o menos legítimo o explicable que éste sea o aparente ser.

Lo que creo vale la pena rescatar es que el balance de las fuerzas en juego en dicha disyuntiva no obedece a unas reglas claras y mucho menos democráticas:

Por un lado, está la gente sencilla y corriente, no importa si preparada, estudiada, o ignorante; si pobre o menos pobre, explotada o emancipada; todos, padeciendo en mayor o menor grado un deterioro de su calidad de vida, que es histórico e inédito.
Por el otro, están las élites que detentan el poder fáctico, para quienes el problema político vigente no es el bienestar del común, ni la libertad o la justicia, sino el control de dicho poder a toda costa.

Visto así, para cada una de estas dos partes la convocatoria a elecciones tiene un significado distinto:

Para los primeros, Votar es sinónimo de vida civilizada, consensuada, equivalente a una convivencia plural donde más o menos se respeta el derecho de cada quien;  votar, es un modo de vida que con fuerza se instauró a partir de 1958 y de cuyo significado venimos siendo expropiados en los últimos tiempos, casi sin derecho a réplica.  —Siempre he pensado que ese modo de vida particular, al estilo personal de cada quién, de cada familia venezolana, es la esencia de nuestro perfume democrático o lo que se me ocurre llamar la democracia en frasco chiquito que logramos embotellar durante los últimos cuatro decenios del siglo pasado–.
  
Para los otros, en cambio, votar es una estratagema finamente hilada en el huso de la burla que, hebra más hebra menos, puede permitirles tejer la alfombra sobre la que podrán, por un tiempo más, seguir sobrevolando sin enfrentar la cruda realidad que en definitiva, en el arrase eventualmente inevitable, acabaría con todo y con todos; con ellos inclusive.

Entonces, ¿qué será lo que le convenga a los primeros, a la gente sencilla, a la que no detenta ese poder crudo que, en su versión más extrema, otorga el uso asimétrico de la violencia? ¿Qué nos queda a quienes creemos en el consenso civilizado y en la negociación respetuosa y comprometida? ¿Qué pueden decirnos los políticos profesionales que llevan ya casi veinte años lidiando con el ogro?

Por lo pronto, no se me ocurre una respuesta, ni siquiera aproximada. Tampoco creo que haya una única respuesta ni que la misma pueda exigírsele a una singular persona. A lo mejor dentro de algunos días vaya aflorando, cuando del colectivo vayan decantando sentimientos y posiciones, necesidades y carencias, cuando más y más personas piensen juntas y compartan criterios y métodos.

Lo único que se me ocurre ahora pensar y compartir es que, sea cuál sea el camino de mayor provecho, incierto siempre, vale la pena estar preparados. Y estar preparados significa alistarse para afrontar los cambios con la mayor probabilidad de éxito posible.

A los efectos, sea que ahora nos convenga votar o no, y en virtud de que hablamos de ‘presidenciales’,  corresponde saber, y pronto:

a) ¿A quién queremos votar?; 
b) ¿Ese candidato inspira y satisface al mayor número de venezolanos incluyendo a los que hoy, decepcionados del oficialismo, también buscan mejorar su calidad de vida?; 
c) ¿Con qué respaldo político, técnico, financiero, partidista, institucional contará ése a quién queremos votar?; 
d) ¿Quiénes harán y cómo será la gerencia de ese respaldo?; 
e) ¿Qué debilidades o vulnerabilidades tiene implícitas ése a quien queremos votar, y cómo protegerlo de tales deficiencias?; 
f) ¿Vale la pena contar desde ya con un ‘consejo de gobierno’, listo para cuando haya que hacerse cargo de las riendas de la nación?; 
g) ¿Cómo lograr que la convocatoria a elecciones írritamente anunciada, la formalice y reprograme un CNE previamente aceptado y validado por las partes y por terceras partes independientes provenientes de la comunidad internacional?; 
h) Dado que la ‘empresa de las máquinas’ declaró que en las recientes votaciones no pudo proteger los resultados del evidente fraude, ¿qué sistemática vamos a emplear en lo sucesivo? ¿vale adoptar un método manual debidamente diseñado y aplicado?; 
i) ¿Están suficientemente preparadas las fuerzas del cambio para, llegado el momento electoral, cubrir todas y cada una de las mesas que se desplieguen, con testigos y demás personal competente y comprometido, tal como en las pasadas ocasiones en que se tuvo suficiente certeza y confianza en los resultados electorales?; 
j) ¿Cómo garantizarnos una dirección nacional única que, respetada, evite a toda costa contradicciones y desgastes innecesarios en diatribas intestinas o domésticas?; 
k) ¿Cómo asegurar una comunicación armónica y asertiva que propicie un mensaje fuerte y claro, dirigido a unificar y a hacer confluir voluntades y fuerzas hacia el único objetivo político de restaurar la convivencia democrática?; 
l) De convenir no votar, ¿qué estrategia vale emplear para rescatar la democracia con eficacia y al menor costo?; y 
m) ¿Cómo obrar, tanto si votamos como si no votamos, para no sólo no destruir el capital político sumado por los apoyos cosechados ante la comunidad internacional, sino para incrementar dicho capital?

A mi juicio, esto último es de importancia capital.

Sí, ya sé que son demasiadas preguntas en medio de una confusión que reclama respuestas. Pero es que el fundamento de todo cambio es la duda, la duda sistematizada.  Además, es lo máximo que brota ahora desde este teclado, el cual, es también el más inmediato y único instrumento con que cuento.

Quedo pendiente de leer respuestas y, en lo posible, de aproximar las que me surjan, ojalá que oportunas.

Y también de leer o proponer más preguntas, que seguramente siempre habrá.


Enzo Pittari, fines de enero 2018.