sábado, 30 de junio de 2012

Presentación-Bautizo de Manual para el más allá

 La noche del jueves 28, como programado, tuvo lugar la presentación de Manual para el más allá, en Alejandría II.A continuación, enlazo las palabras preparadas y pronunciadas por la profesora Violeta Rojo a fin de presentar el libro en sociedad y que, como primicia, publicó en la WEB el blog Librodeldía.

ibrodeldia.wordpress.com/2012/06/30/manual-para-el-mas-alla/

Manual para el más allá

Violeta Rojo

Enzo Pittari, sin prisa pero sin pausa, se ha ido convirtiendo en un hombre integral. Es europeo y es americano, es de la ciudad y es de la provincia. Es profesor y es estudiante. Sus especialidades profesionales pasan de la ingeniería eléctrica a las ciencias sociales del doctorado que actualmente realiza. Ahora se estrena como humanista con este libro, uno de los dos que le conozco.
Manual para el más allá comparte con su autor el tener muchas facetas, el moverse con facilidad y precisión por muy disímiles campos. También es un libro que puede ser analizado desde distintas y ricas perspectivas.
Por ejemplo, no es sólo un libro de cuentos sino un cuentario, esto es un ciclo de cuentos que se vinculan entre sí y que pueden leerse por separado o como partes de una secuencia narrativa mayor. Y en esta serie de cuentos hay una temática que circunvala a las otras: la de los mundos opuestos que conviven: Europa y América, ciudad y campo, presente y pasado, realidad y ficción, lo real y lo fantástico. Esta unidad temática contiene, a su vez, tres sistemas argumentales distintos, que se interrelacionan y completan.
El primero de los sistemas temáticos es el la memoria y lo autorreferencial. En estos relatos, de evidente textura autoficcional, el autor recuerda las historias familiares (las suyas y las de su esposa Rafaela) y a partir de ellas va recuperando personajes, consejas, dolores, esperanzas, alegrías, paisajes y miedos. La memoria, por su parte, le permite el punto de vista necesario para la comparación entre costumbres y modos. Estos recuerdos y vivencias de antepasados remotos y recientes, en geografías diversas, van relatando la vida de un nuevo ser que es de aquí, de allá, de acullá y de todos lados.
El segundo sistema es el de la narrativa de la otredad, la migración y el exilio. En el Introito, Pittari establece su teoría sobre las nacionalidades, las fronteras y el nomadismo necesario para la libertad. Esta introducción ensayística se ve de cierta manera ratificada por textos en los que va narrando aventuras distantes en tiempos y geografías.  En ellas, un Diego que podemos imaginar antepasado del autor, un Carlo en el que vislumbramos a su padre, otro Diego que podemos trasponer al Enzo actual, relatan, actuan, viven búsquedas de tesoros, guerras, peripecias a bordo del barco de inmigrante, duros comienzos en distintos pueblos de un país diferente.  Estos  expatriados son además hijos de la guerra, lo que configura unos recuerdos, necesidades y costumbres que posiblemente nunca se pierden. Y esta circunstancia se vuelve visual, ya sea en forma de cáscaras de manzana, de una tela príncipe de gales o de la minuciosa descripción de la arquitectura de cada nueva casa. Los recuerdos transmutados en literatura, comienzan con la búsqueda de un tesoro elusivo, que todos tratan de encontrar sin éxito, porque es un espejismo. Y esta historia configura la metáfora perfecta de lo que es emigrar: buscar un tesoro en otro país. Tesoro quimérico, que como sabemos, nunca se halla, y si se consigue, solo se es consciente de ello al perderlo.
El último sistema es el elemento fantástico que como un cemento unifica los relatos. Ya el título y su referencia al más allá nos anuncian que encontraremos espíritus guardianes de tesoros; fantasmas que reclaman la codicia; gatos que espantan y reviven; changús mágicos que traen la desdicha.  Es así como el mundo del más allá se sobreimpone con el del más acá y conforman un lugar en el que todo es posible.
Así,  entre memorias, recuerdos, fantasmas y migraciones van transcurriendo estos textos múltiples, integrados y complejos. En ellos habitan personajes que, a pesar de las vicisitudes, nunca dirían “non mi sono rimasti, nemmeno gli occhi per piangere” (única frase que conozco en italiano y que significa que no queda nada, ni siquiera los ojos para llorar). Los personajes de Pittari comparten con su autor un optimismo vital que hace que siempre tengan recursos, siempre sepan que hay algo más que pueden hacer.
Enzo Pittari ha entrado con buen pie a un nuevo mundo, el de la ficción. Bienvenido a esta terra nova, amigo. Que los dioses de la literatura te sigan siendo propicios.

martes, 19 de junio de 2012

Manual para el más allá. Libro de relatos de Enzo Pittari.

A mis estimados amigos y seguidores en Puntadas sin dedal, hoy les pondré al tanto de una buena notica, significativa para mí por su relación con mi compromiso con la palabra como vehículo creativo, y con la escritura como expresión.

Se trata del anuncio de la publicación y presentación al público de mi primer libro de relatos:

   Manual para el más allá.

A continuación voy a incorporar varias imágenes que se explican por sí solas, invitándoles a que próximamente busquen su ejemplar en las distintas librerías de Venezuela.

Durante los próximos meses, mis editores, Memorias de Altagracia, trabajarán también en una edición digital que estará disponible por los canales comerciales apropiados.

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Para quienes estén en Caracas y disponibles el día 28 de juio próximo, y deseen acompañarme a la presentación formal del libro, les adjunto la convocatoria hecha via facebook por Memorias de Altagracia.


                                                                EDITORIAL MEMORIAS DE ALTAGRACIA
                 

                             Tiene el agrado de invitarles a la presentación de su última producción editorial:

                                                                            MANUAL PARA EL MÁS ALLÁ

                                                                                   Colección de cuentos de 
                                                                                           ENZO PITTARI

                                                                                        Jueves 28 de junio 
                                                                                           6:30 de la tarde
                                                                                      Librería Alejandría II
                                                                                   Paseo Las Mercedes, PB

                                                                        Palabras de presentación a cargo de

                                                                                        VIOLETA ROJO
 
                                                                        Moderación y conducción del evento
 
                                                                                     LESBIA QUINTERO




Espero que este trabajo resulte de su interés y, sobra decirles que quedaré atento a las impresiones que quieran transmitirme por esta privilegiada vía.
Un cordial saludo. EP

PD.- Les dejo a continuación el link de la convocatoria:   https://www.facebook.com/events/232451026873559/

martes, 17 de abril de 2012

Las fronteras humanas en La pena


Las fronteras humanas en
La pena
(de La frontera de cristal de Carlos Fuentes)



De acuerdo a nuestro plan de reseña de la novela La frontera de cristal de Carlos Fuentes, a partir de esta entrega nos adentraremos en aquellos relatos, de los nueve que conforman la novela, donde más resalte esta noción de Frontera Humana que nos hemos propuesto destacar con este trabajo. Daremos inicio hoy con la pieza intitulada La pena.  
Como ya dijimos, se trata de comprender y ponderar el peso relativo de la llamada frontera humana sobre la percepción de transparencia que los pasos fronterizos ofrecen al emigrante que penetra o, a lo sumo, intenta traspasarlos.
Para ponernos en contexto, en La pena, su protagonista, el médico Juan Zamora hace postgrado en USA becado por su padrino el magnate Don Leonardo Barroso. Zamora vive en Itaha, cerca de una fábrica de armas destinadas al uso del ejército salvadoreño. Acaba de ganar R. Reagan la presidencia de los Estados Unidos, mientras, en México, López Portillo afianza la explotación petrolera. Juan se aloja en la casa de T. Wingate, negociante de armas que contrata con el Pentágono. En la convivencia, Juan refiere una noción de su origen mejicano edulcorada y alejada de su realidad precaria, en la cual, por pena, por vergüenza, oculta su condición social, llegando a ser percibido por los Wingate como un heredero de la aristocracia española. Durante sus prácticas médicas Juan se enamora de su colega Jim descubriendo su inclinación homosexual, lo cual, se traduce en conflictos existenciales y de convivencia con sus arrendadores. Juan, en un acto de honesta comunicación, llega a revelar a Jim su verdadera extracción social, al cabo de lo cual se producen, tanto el rompimiento de la relación entre ambos, como la deserción de Juan de sus estudios y su consecuente regreso a México. Años después, los Wingate viajan de vacaciones a México y Becky, la hija de la familia, se empeña en ir a encontrar a Juan, lo cual, y sin siquiera llegarlo a ver, les hace descubrir el verdadero estatus de Juan.  Por ese entonces, Juan trabaja en un hospital del seguro social y vive sumergido en un sueño recurrente donde regresa a Cornell y camina de la mano de su amante llegando juntos a suicidarse, en el mismo puente donde, por lo demás, tanta gente suele terminar sus días.
Dentro de la novela, La Pena es quizá el relato más elocuente en cuanto al peso de la frontera humana dentro del proceso migratorio de los mexicanos hacia el norte. En las peripecias del protagonista, no entra en juego el cruce de la frontera material propiamente dicha, sino que prevalencen las vivencias de quien ya vive formal y legalmente en el territorio estadounidense cumpliendo una misión personal importante. Zamora no ha tenido, como otros mexicanos, que vencer grandes barreras físicas, territoriales o legales para “colarse” al otro lado de la línea, por lo que es entonces muy significativo poder detectar en él cuáles son los síntomas y signos de exclusión que, erigidos en frontera humana, le hacen realmente infeliz.
En primer lugar, Zamora se considera un “pobre”. Es claro que su posición económica no es holgada, –de lo contrario no necesitaría de la beca de Barroso-, pero, objetivamente, tampoco puede decírsele realmente “pobre” (logra cubrir sus gastos suficientemente). Ahora bien, en su mente, él se considera realmente tan escaso de recursos económicos que, inclusive, hasta se avergüenza de ello; al punto, de sostener un engaño hacia la familia que lo alberga sobre sus presuntas “posesiones en México”  el cual, termina siendo develado al final del relato. Este sentimiento que lleva a Zamora a fabricar una mentira, lo hace realmente infeliz y termina reforzándole una propia barrera excluyente que juega muy en contra de una posible mutación que le permita asimilarse, recluyéndolo y aprisionándolo dentro de sí mismo, al evitarle mostrar su propia realidad. 
El siguiente factor discriminante para Zamora es su condición de nacional mexicano: Es cierto que la condición de latino-mexicano –chicano-, en USA, es causal explícita de rechazo; no obstante, en el medio universitario, esta condición no llega a tener tanto peso como en otros ambientes. Aún así, para Juan, su mexicanidad constituye un fuerte motivo de exclusión. Ni siquiera porque llega a cristalizar una relación amorosa con un compañero de estudios estadounidense –Jim-, deja de sentirse Zamora un excluido.
A partir de esto último, enlazamos con el tercer factor de separación o desagregación: la  homosexualidad de Zamora. La misma, que en un sentido amplio la pudiéramos enmarcar dentro de lo que se pudiera llamar una discriminación de género, sumada a las dos anteriores confluye en un cuadro que presenta al protagonista en un estado de depresión severo, donde su sentimiento de exclusión le lleva a tener sueños suicidas que delatan un conflicto no resuelto, aún después de haber regresado a su tierra de origen.
Además de esos tres factores resaltantes que están a la raíz de los sentimientos de exclusión de Juan, habría que mencionar, adicionalmente, cosas como la barrera idiomática, su background educacional formal, sus hábitos y costumbres alimenticias, sus rasgos étnicos y gestuales. Pero de ello Fuentes no nos da pista específica.
Finalmente, y para cerrar esta revisión de las fronteras humanas o de los miedos que se detectan en el relato “La Pena”, nos parece pertinente citar a Todorov:  “…La dignidad de los hombres no procede, sin embargo, sólo de este amor y esta compasión que otro puede concederles… …procede también del interior de ellos mismos. Y es que los hombres, aunque hechos estén de la misma madera, no están por ello hechos de una sola pieza. El miedo, la tontería, la mezquindad, el orgullo son cosa nuestra; pero no solo eso.  En cada uno de nosotros yace otra aspiración…”  Y refiriéndose al modo de describir esta aspiración, Todorov cita a Gary, quien emplea metáforas que unen lo alto y lo bajo, como las raíces del cielopara, más adelante decir: “…para los indios de México, es “el árbol de la vida”, que les impulsa a unos y otros a caer de rodillas y levantar los ojos golpeándose el pecho en su tormento (…). Intentan arreglarse entre sí, responder ellos mismos a su necesidad de justicia, de libertad, de amor…”.  En Juan Zamora, este “arreglarse entre sí” llega al extremo de “arreglarse a sí mismo” e ignorar y hasta menospreciar al otro y a lo otro al otro lado de su propia frontera interior. Tal vez, este fenómeno quede mejor recogido en otra obra de Fuentes también constituida por una colección de relatos: “Todas las familias felices”. En este libro hay una historia intitulada “Madre Dolorosa” donde, referido a los sentimientos surgidos en un inmigrante que regresa a su pueblo después de un tiempo, podemos leer: “…Le juro que no es purita sospecha. Un día volví por purita emoción, señora, eso que ustedes llaman “nostalgia” y primero nadie me reconoció pero cuando se corrió la voz, “Es José Nicasio que ya regresó”, me miraron con tanto rencor unos, con avaricia otros, distancia los más señora, que decidí ya nunca volver al lugar de donde salí. Pero, ¿puede uno cortarse para siempre las raíces?...”  Este pasaje evidencia la fuerza extraordinaria de la frontera humana que funge como mampara de doble vía, tanto para irse como para regresarse.

·       Fuentes, Carlos. (2006). Todas las familias felices. México. Alfaguara-Santillana.
·       Todorov Tzvetan. (2002).   Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX. Barcelona, España. Ediciones Península.

miércoles, 7 de marzo de 2012

La frontera humana, en La frontera de cristal de Carlos Fuentes

Después de unos seis meses de silencio, hoy reinicio mis publicaciones en mi blog.
Los blogs son entes vivientes y, como tales, ameritan alimento frecuente. Y se nutren de quienes proponen los temas, bien sea los comentaristas visitantes, bien sea el propio bloguero. Por lo que me respecta, asumo mi imposibilidad de proveer lo que me ha correspondido, a la vez que agradezco a los que, aún en mi ausencia, han insistido en visitar mis Puntadas sin Dedal.

Hoy, reactivo mi ejercicio publicando una reseña mía de una obra de Carlos Fuentes, recien propuesta por Quelleer.com.ve, a solicitud de la gentil María Alejandra Bello.

Vaya el escrito, y espero con ello regenerarme como bloguero inconstante que he sido durante estos últimos tiempos.


La frontera humana,
en La frontera de cristal
de Carlos Fuentes

 
Desde su aparición en1995, muchas son las veces que esta novela Carlos Fuentes ha sido estudiada, reseñada o referida.
La misma no pierde vigencia, por cuanto desarrolla el tema siempre desgarrador de la migración o del exilio forzado que, aunque no nos agrade, nos acuciará aun por mucho tiempo a pesar de los climas globalizantes y de borrado de fronteras que la sociedad mundial hoy día se propone y encara.
A partir de esta primera entrega, y en las siguientes en las que ahondaremos o nos referiremos por separado a la particularidad de cada uno de los nueve relatos que componen la novela, buscaremos comprender y ponderar el peso relativo de lo que puede llamarse la Frontera Humana sobre la percepción de densidad o porosidad que los pasos fronterizos ofrecen al emigrante, actual o potencial.
Con humor agudo y mordaz, Fuentes nos presenta situaciones puntuales que pueden extrapolarse a cualquier lugar donde haya un humano tratando de traspasar alguna de esas líneas, en muchos sentidos abstractas, en busca de un bienestar a veces ilusorio y hasta la realización de su propio ser tal como le corresponde a cualquier miembro de nuestra especie y que en su propio país no luce posible.
Las imágenes creadas o recreadas por la ficción de Fuentes, nos hablan, entre otras cosas, de las razones de fuerza, necesidad, históricas, políticas, económicas y culturales que privan en el desenvolvimiento de las personas –especialmente las del lado mexicano de la frontera-, en el espacio o franja de tierra aledaña al norte y sur del río Grande –o río Bravo-.  Nos deja ver, a veces explícitamente otras no tanto, los incidentes de un importante grupo humano que se esfuerza por mejorar sus estándares y patrones de vida tratando para ello de penetrar al otro lado de una línea o membrana imaginaria que, a la vez de estar demarcada con precisión en los mapas y en la geografía misma, parece estar grabada con sangre y fuego en sus propias mentes, habida cuenta de las cruentas historias de despojos y de las penurias sufridas por los habitantes fronterizos, especialmente los del sur, las cuales, vienen a hacerse aún más penosas cuando se someten a contraste y se comparan con los estándares de vida y desempeño predominantes en el norte de dicha franja.
La existencia de las fronteras físicas y políticas entre los países es un hecho siempre asociado con confrontaciones entre estados y pueblos a lo largo de la historia.   Siendo los límites entre las naciones líneas generalmente arbitrarias, o producto de acuerdos también arbitrarios, es común preguntarse el porqué de su existencia.  Las explicaciones tienen que ver casi siempre con razones de fuerza entre grupos humanos, las cuales, a lo largo del tiempo, han podido ir o no acompañadas por violencia física o material.  Sin embargo, parece existir algo más fuerte que la propia línea formalmente establecida para darle soporte real y concreto a las fronteras físico-políticas, y es lo que puede llamarse la Frontera Humana. Esta última especie de frontera parece provenir, principalmente, del miedo al otro o del miedo a la propia incapacidad o discapacidad para afrontar lo desconocido que cada ser humano lleva dentro de sí con distintos grados de intensidad y matices.  En las causas de estos miedos,  inciden razones psicológicas, culturales e históricas que, definitivamente, son particulares de cada situación. Entre las mismas, el idioma, la religión y la condición social y económica de los individuos, juegan de manera peculiar para cada par de grupos fronterizos de personas.
Es de esta manera que “La frontera de cristal” de Carlos Fuentes, nos ofrece un sinnúmero de ejemplos sobre situaciones donde puede percibirse el sentimiento de exclusión y la concepción que cada personaje puede tener respecto al otro del otro lado de la frontera e, inclusive, al otro lado de su propia frontera interior.

Enzo Pittari
Caracas, marzo 3 de 2012.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Algo más que un eslogan


Algunas palabras clave
para nuestro porvenir



E
n la puntada anterior quise recoger, de uno de nuestros escritos patrios[1], algunas referencias para proponer un modesto contrapeso a una de esas estériles discusiones a las que, con efervescencia de Alka-Seltzer, nos hemos ido acostumbrando durante los últimos años. Que si patria, que si socialismo, que si muerte, que si ahora no es la muerte sino la vivienda, que si no se qué Dios, que si la brujería… todo para que, al final, después de muchas vueltas, una vez quieta el agua del vaso, sin burbujitas, nos olvidemos del asunto y, a lo mejor, ni nos bebamos el remedio. Pasamos la página, pasamos a otro capítulo, pero con la mismísima rutina de malestar estomacal para la que recurrimos al antiguo y efectivo remedio con que nos curábamos cuando éramos muchachos el ratón de una parranda sabatina o cualquiera pesadez que no fuera superable por sí sola.
Resulta que en estos días, después que comenzó a parecer “ido”, perdido o esfumado el faraón-tirano libio, recogí de un artículo escrito por un señor llamado Larbi Sadiki, intitulado “Libya: freedom is in the air”, y publicado en Aljazeera.net[2] una idea que me parece oportuna y motivo pertinente de reflexión para los meses que se nos avecinan en nuestra amada Venezuela.
Y arranca la idea, en el fondo, con la misma propuesta de CONCORDIA que adelanté en mi puntada pasada, sólo que el señor Sadiki, en su contexto propio, la extiende, amplía y desmenuza con la finalidad de adelantar lo que luce una especie de Cartilla de Actitudes a poner en práctica con la finalidad de iniciar un proceso de paz y de convivencia en un exageradamente rico país petrolero, ubicado al norte de la Europa del Sur, –qué digo–, al Norte del África, y que, repentinamente, después de más de cuarenta años de acostumbrado mal vivir, acaba de cundir en un proceso de violencia civil que pocos cientistas sociales podrán explicarnos con moderada perfección.
En esa por mí llamada “Cartilla de Actitudes” necesarias según Sadiki para la reconducción del país, resaltan las siguientes pautas, que traduzco directamente del inglés con el riesgo del caso:
·       Reconciliación,
·       Generosidad de espíritu,
·       Solidaridad,
·       Asociación, y
·       Sinergia.
Yo creo que, para nosotros, después de casi tres lustros inmersos en un proceso progresivo de confrontaciones donde nos suponemos unos buenos y otros malos, donde las palabras predominantes en las arengas del alto gobierno parecieran extraídas de una especie de Manual de Guerra, donde no sabemos a ciencia cierta qué se ha construido pero sí padecemos, con toda certeza, de muchos males que seguramente habíamos superado desde hacía tiempo, se da por descontada la necesidad de aplicación de una cartilla similar. De lo contrario, dudo mucho que podamos cifrar esperanzas para nuestros nietos ya endeudados antes de nacer, para nosotros pre-abuelos con ganas de ayudar a criarlos en santa paz, y, en fin, las esperanzas para conseguir la Venezuela que seguramente muchos o casi cada venezolano ha siempre soñado pero que no hemos sido capaces de gerenciar.
Así que, resultaría muy largo un eslogan que dijera:
Patria, Reconciliación, Generosidad de espíritu, Solidaridad, Asociación y Sinergia, tan largo que casi no cabe en una sola línea de esta cuartilla. Así que voy a insistir en proponer el que ya antes asomé:
“PATRIA Y CONCORDIA”
Y allí lo vuelvo a dejar, pero sin despreciar las sugerencias del artículo de Aljazeera, las cuales, me parecen valiosísimas a la hora de darle estructura y forma a un discurso, a una comunicación y a un plan de actuación orgánico, sistémico, y fundado en un clamor que estoy seguro compartimos todos los venezolanos sin distingos de ningún tipo: vivir en paz, con trabajo, y sin miedo a morir asesinados.


[1] Me refiero a los pasajes de la obra de nuestro Mario Briceño-Iragorry
[2] http://english.aljazeera.net/indepth/opinion/2011/08/

domingo, 14 de agosto de 2011

Si de cambiar el eslogan patrio se trata...


Patria y Concordia


E
n estos días en los que su majestad de las tinieblas hizo en Venezuela salir a la carrera a  algunos a cambiar el eslogan de la patria, hubiese sido muy oportuno que estos artífices de la comunicación masiva se hubiesen topado con uno de los libritos que era lectura obligatoria en mi primer año de bachillerato realizado por allá a comienzos de los 60 del siglo pasado en mi recordado, bien amado y hoy, física y moralmente destruido Liceo Pedro Gual de Valencia, –estado Carabobo, para evitar equívocos con otras urbes mejor dotadas pero con la misma toponimia-.   Se trata, simplemente, de que hubiesen tenido a la mano uno de los escritos de quien está nutriendo por estos días algunos de mis repasos de lecturas patrias.  Y se trata de una pieza intitulada “La concordia nacional”.   En la misma, el ilustre don Mario Briceño Iragorri escribía, el 26 de noviembre de 1952, lo siguiente:
“…he levantado yo la voz para pedir fórmulas que acerquen a los hombres de Venezuela. Es absurdo y criminal mantener el estado de división que devora a la República, cuando los mismos hombres que se destrozan entre sí se ven continuamente forzados a la relación común en el curso diario de la vida. Más que una Venezuela visible en la acción de los que ordenan a su arbitrio y una Venezuela invisible en el dolor de los que sufren la arbitrariedad, estamos viviendo la duplicidad criminosa de traicionar nuestros propios instintos de amistad en aras de un provecho material o de un prestigio pasajero…” 

He allí que, en el título de esta casi sexagenaria referencia, creo haber encontrado la palabra clave, mis estimados diseñadores de propagandas. La palabra mágica que encierra el verdadero clamor de quienes han trabajado y se han procreado para profundizar, con empeño orgulloso, en la construcción de una patria moderna, capaz de codearse con las más creativas, productivas, equitativas y libres del mundo, antes que con los enclaves del horror, la muerte y la desidia como lo representan hoy naciones como Siria, Libia, Zimbabue, Bielorrusia, –para nombrar tan solo a las más lejanas a nuestro continente- y que penosamente nos adornan.
Así, haciendo recurso a la natural elipsis que me evita reescribir el tag line que desde hace ya algunos años se apoderó de nuestros cuarteles y de muchas –o todas, no sé- de las instituciones oficiales, y que hoy andamos a la carrera tratando de enmendar, por no decir borrar, voy a cerrar esta puntada con una simple recomendación o petición:
¿Por qué no nos atrevemos a adoptar el más simple y deseado de los eslóganes posibles en este crucial momento que nos toca vivir como país, cual sería, simplemente:
“PATRIA Y CONCORDIA”?
Allí lo dejo, como sugerencia y modesto homenaje al libre pensador e iluminador temprano de mi alma patria, Don Mario Briceño Iragorri.

domingo, 7 de agosto de 2011

EL SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD

De los rasgos necesarios y deseables en la 
Venezuela que aspiramos


En los últimos tiempos, estoy teniendo la fortuna de contar con suficiente espacio y disposición para revisar algunos viejos libros de mi biblioteca que, en razón a prioridades establecidas muchas veces sin tanta razón o justificación, hacía tiempo no desempolvaba. Y resulta que compruebo, cada vez con más fuerza y con no poco asombro, cómo muchas de las cosas que hoy representan fuertes carencias, ya lo han sido en un pasado si se quiere no tan remoto.

Uno de los aspectos de la gerencia que siempre me he esmerado en resaltar y cuidar en cualquiera de las gestiones que me ha tocado realizar en mi vida profesional, es la necesidad de dar, a quien corresponda, el reporte cierto, sano y periódico de la responsabilidad que asumimos.  En términos simples y técnicos, siempre  resumí esta necesidad a mis colaboradores con una palabra que los no siempre simpáticos gringos emplean a ultranza en sus empresas –e inclusive en sus sencillos actos de vida cotidiana– que es el accountability. Esta palabra, –sin querer darle importancia sintomática al asunto-, si la buscamos en un diccionario traductor encotraremos que no tiene equivalente directo y exacto en nuestra lengua; no obstante, la conocemos y la aplicamos por la vía de una frase compuesta de las tres simples palabras castizas siguientes: rendición de cuentas; que no es igual pero se ajusta perfectamente a la idea. 

El hecho es que esta noche he vuelto sobre la obra del trujillano Mario Briceño Iragorri, y encontrado la referencia de una conversación suya con el ya para ese entonces ex-presidente López Contreras quien en 1937 hablaba de una "crisis de hombres" en Venezuela.   A lo cual, don Mario argüía a su amigo que, realmente, si podía hablarse de una crisis no era precisamente de gentes ni de capacidades en sí, sino que era ...de sentido de responsabilidad en los funcionarios públicos, muchos de ellos avocados, por falta de examen de sus propios recursos, al ejercicio de funciones en las cuales no les era posible dar rendimiento alguno...   y prosigue don Mario, y ya en el ensayo de donde extraigo esta historia, escrito en 1950 (*),  con unas palabras que parecieran escritas hoy mismo, 2011: ...Esta crisis sigue vigente, sin que haya visos de que pueda remediarse...

Son cosas de la historia. Sin embargo,  intentando someterla a cierta verificación empírica –aunque no científicamente sistemática-  me consigo que en muchísimos de los jóvenes talentos venezolanos con los que me ha tocado interactuar en mi reciente retorno a la vida universitaria, consigo que hay una energía especial y un talento dispuesto a actuar y a rendir cuenta de lo hecho.  Confieso que es algo que me energiza y me abre una ventana de esperanza en medio de esta situación llagada de malas noticias, desencuentros, fugas, muertes y demás síntomas necrofílicos.  Creo que hay un latir en positivo entre los más jóvenes; entre aquellos que están listos al bate.
A nosotros, los mayorcitos, nos tocará ayudarlos a que no cometan los errores rancios de los que está plagada nuestra historia, la reciente y la no tanto.

(*) Briceño Iragorri, Mario. (1972). Mensaje sin destino. Ensayo sobre nuestra crisis de pueblo. Caracas. Monte Avila Editores.